La sociedad del conocimiento plantea su adquisición como un hallazgo compartido y difundido mediante una estructura capilar. Estamos, pues, ante un contrapunto entre un modo de hallar, gestionar y difundir el conocimiento, ya periclitado, en las concepciones teóricas, pero aún muy vigente en la cultura profesional del docente, y otro modelo mucho más operativo, pero que anda aún en las intenciones. Nos referimos al preconizado por la sociedad del conocimiento, cuya novedad no está en los hallazgos, sino en el modo de difundir la información a todos los miembros que integran una comunidad, y de gestionarlo desde perspectivas meramente colaborativas, donde lo importante no es lo conocido sino qué se pretende conocer. La formación y, por tanto los centros educativos, como no puede ser de otro modo, se encuentran vinculados, al menos en el compromiso, a esta nueva realidad que demanda entre el profesorado asesoramiento formación adecuada para responder a las cuestiones que se le plantean, y a las que por sí solo no puede dar respuesta.

Cuando hablamos de organizaciones educativas que se orientan a favorecer la formación continua, lo hacemos de una organización que aprende y está centrada en quien aprende, para ello debe favorecer una disposición a desaprender y cambiar modelos mentales; a favorecer un currículum centrado en el alumno y en su aprendizaje y a favorecer el aprendizaje mediante el desarrollo y la reflexión sobre sus actividades diarias. 

Planteamos un modelo basado en los valores, las actividades a desarrollar como elementos de reflexión, la habilitación en competencias, entendidas como el ejercicio que permite resolver situaciones en contextos y ámbitos diferentes, atendiendo a las herramientas que constituyen las capacidades que integran cada competencia.

La formación continua plantea una actitud de autonomía personal, entendida como predisposición a actuar de modo independiente, con iniciativa, no dependiendo de quién enseñar; responsabilidad personal sobre el propio aprendizaje que, partiendo de un conjunto de competencias como planificación y gestión del tiempo, permite gestionar los tiempos y contenidos del propio aprendizaje; colaboración, entendida como una disposición permanente a cooperar con los compañeros y con las personas con las que se comparten situaciones de aprendizaje y colaboración.

El desarrollo de valores sociales permite generar un clima en el que la adquisición del conocimiento elude el sentido competitivo y desarrolla en los que aprenden una perspectiva cooperativa, entendiendo el conocimiento como bien social que se debe difundir antes, más y mejor. Por último hablar de la habilitación en competencias. Entendemos por competencias el buen desempeño en contextos diferentes, basados en la integración y activación de conocimientos, normas, técnicas, hábitos, habilidades, destrezas, actitudes y valores. Cuando hablamos de competencias lo hacemos de competencias instrumentales que suponen un medio para alcanzar una realidad, de competencias interpersonales, que facilitan las relaciones entre las personas, y de competencias sistémicas, que facilitan las destrezas y habilidades en relación con la totalidad de un sistema.

En el contexto actual, en el que la deslocalización y la globalización constituyen dos fenómenos complementarios, la competitividad y el desarrollo tecnológico supone dos evidencias innegables, siendo la formación continua un elemento de primera magnitud para poder orientar la misión y competitividad de las organizaciones. Por eso esta propuesta plantea para este país la posibilidad de iniciar diferentes acciones complementarias, capaces de formar al capital humano de modo que pueda abordar los retos que le plantea la “aldea global”, siempre, partiendo de su identidad nacional, su idiosincrasia y las necesidades formativas evidenciadas por la investigación. La financiación mediante políticas públicas, la definición de necesidades formativas y la configuración de ámbitos curriculares adecuados, así como la preparación de un profesorado capaz de dinamizar los nuevos modos de formar, son aspectos de primera necesidad. De modo que una sociedad dinámica y capilarizada pueda sustituir la formación entendida como privilegio por la formación entendida como derecho constitucional.

Directora de formación de IFD